martes, 20 de enero de 2015

¿Cómo ser un Pensador?


Ja... muchos dirían que no se necesita mucho para serlo... pero mienten, son todas excusas. El buen pensador se crea, se va desarrollando y evoluciona como pensador... no se nace así. Si, el ser humano piensa... bueno si es que quiere hacerlo porque en este mundo hay unos ejemplitos sobre lo contrario a pensar que es mejor no haber nacido para verlo.

El pensador se entrena. ¿Como lo hace? como debe hacer todo aquel que se desarrolla en cualquier campo... LEYENDO, estudiando, escuchar sonidos, voces, música, oliendo y saboreando alrededor. Aguzando la vista es otro modo de desarrollar el pensamiento.

Leer amplía el vocabulario para describir tus alrededores, lo que sientes y lo que quieres. Pero se necesita desarrollar los sentidos para que sirvan de apoyo. Los olores excitan los sentidos, los endulzan, los salan, los pican y los saltean. Los sonidos irritan de buena forma o los acribillan con chillidos, al igual que el silencio los inquieta los vuelve locos y los hierve hasta brotar en palabras, pero muchos les temen al mismo.

Ser un pensador toma tiempo, sudor, uno que otro golpe, caídas, raspasos, dolores y nauseas. El enfermo piensa concentrado para curarse la fiebre, el maestro calla el pensamiento del otro para imprimir el propio en otros. Pero el rebelde inspira a otros a pensar, a activar esas neuronas dormidas y vagas que no quieren funcionar. Los obliga a formar opiniones, memorias tristes y locas, alegres y lloronas. Pero te estimula, te embrava, te pica, te corroe, te obliga a desarrollar ideas.

El que no piensa, no aprovecha las ventajas que tiene sobre los animales (ojo que los animales si piensan usando el instinto, dándonos cátedra de pensadores y cuidadores de lo ajeno), el que no usa las neuronas se les avejentan, dejan de transmitir esa chispa eléctrica. El que se envicia las pierde y la capacidad de expresión se anula, como una torre de control inservible.

Como ya dije; el pensador se crea, se va desarrollando, moldeando a las ideas, a lo que ve, lo que siente y lo que escucha. Pero pena da aquel que no está pendiente a las señales, aquel que no le interesa pensar más allá de la sociedad predestinada a la repetición a ser monigotes entrenados con las mismas ideas, a los que no dan la libertad para que se instigue el pensamiento, el que no engendra la duda y las preguntas y el tonto que no observa.

Pero el pensador está sentenciado a no comentar, a llevar una mordaza; no por cuenta propia sino porque la sociedad en su ética se las impone sin preguntar, obligados a callar. Pero lo que no saben es que el pensador va susurrando, esparciendo las ideas y creando un coro de colores y sabores que ni la sociedad más conservadora podrá detener. Así que únete lector a este sonsonete que este es el virus más delicioso y antiguo entre los humanos.





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