Ja...
muchos dirían que no se necesita mucho para serlo... pero mienten, son todas
excusas. El buen pensador se crea, se va desarrollando y evoluciona como
pensador... no se nace así. Si, el ser humano piensa... bueno si es que quiere
hacerlo porque en este mundo hay unos ejemplitos sobre lo contrario a pensar
que es mejor no haber nacido para verlo.
El
pensador se entrena. ¿Como lo hace? como debe hacer todo aquel que se
desarrolla en cualquier campo... LEYENDO, estudiando, escuchar sonidos, voces,
música, oliendo y saboreando alrededor. Aguzando la vista es otro modo de
desarrollar el pensamiento.
Leer
amplía el vocabulario para describir tus alrededores, lo que sientes y lo que
quieres. Pero se necesita desarrollar los sentidos para que sirvan de apoyo.
Los olores excitan los sentidos, los endulzan, los salan, los pican y los
saltean. Los sonidos irritan de buena forma o los acribillan con chillidos, al
igual que el silencio los inquieta los vuelve locos y los hierve hasta brotar
en palabras, pero muchos les temen al mismo.
Ser
un pensador toma tiempo, sudor, uno que otro golpe, caídas, raspasos, dolores y
nauseas. El enfermo piensa concentrado para curarse la fiebre, el maestro calla
el pensamiento del otro para imprimir el propio en otros. Pero el rebelde
inspira a otros a pensar, a activar esas neuronas dormidas y vagas que no
quieren funcionar. Los obliga a formar opiniones, memorias tristes y locas,
alegres y lloronas. Pero te estimula, te embrava, te pica, te corroe, te obliga
a desarrollar ideas.
El
que no piensa, no aprovecha las ventajas que tiene sobre los animales (ojo que
los animales si piensan usando el instinto, dándonos cátedra de pensadores y
cuidadores de lo ajeno), el que no usa las neuronas se les avejentan, dejan de
transmitir esa chispa eléctrica. El que se envicia las pierde y la capacidad de
expresión se anula, como una torre de control inservible.
Como
ya dije; el pensador se crea, se va desarrollando, moldeando a las ideas, a lo
que ve, lo que siente y lo que escucha. Pero pena da aquel que no está
pendiente a las señales, aquel que no le interesa pensar más allá de la
sociedad predestinada a la repetición a ser monigotes entrenados con las mismas
ideas, a los que no dan la libertad para que se instigue el pensamiento, el que
no engendra la duda y las preguntas y el tonto que no observa.
Pero
el pensador está sentenciado a no comentar, a llevar una mordaza; no por cuenta
propia sino porque la sociedad en su ética se las impone sin preguntar,
obligados a callar. Pero lo que no saben es que el pensador va susurrando,
esparciendo las ideas y creando un coro de colores y sabores que ni la sociedad
más conservadora podrá detener. Así que únete lector a este sonsonete que este
es el virus más delicioso y antiguo entre los humanos.
